sábado, 15 de septiembre de 2007

¡Qué pequeño el mundo es!!!

Esta semana conocí en el gimnasio a una señora libanesa-venezolana, quien habiendo nacido en el Líbano fue llevada a Venezuela siendo muy pequeña. Ella vino a Camerún en 1976, donde se casó con un francés que nació aquí durante la colonia.

Aunque lleva treinta y cuatro años viviendo en Camerún y es portadora de un pasaporte francés, su acento venezolano es impecable, lo cual se debe a su constante contacto con Venezuela, en donde aún tiene hermanos y otros parientes.

Cuando llegué a Douala, me sorprendió no haber sido la única venezolana en estas tierras al encontrarme con otro de Cumaná. Hoy la suma se eleva a once, o al menos estos son los que conozco, incluyéndome y sin contar a la señora libanesa.

Además de la pequeña comunidad que hemos formado, he conocido también muchos extranjeros que por una u otra causa han tenido vínculos con Venezuela. Pero es aún más curioso, el hecho de que, una de las venezolanas y su pareja, trabajasen en Caracas para una petrolera francesa cuya oficina estaba en Chacaito, casualmente en el mismo edificio donde trabajaba el escocés y donde trabajé yo también durante un año. Tal como lo hizo un señor italiano, quien trabajaba para una trasnacional dedicada al sector de la alimentación que operaba desde el mismo inmueble. Así que, seguramente, más de una vez tropezamos en un ascensor, un pasillo o en las áreas circundantes a la edificación.

Todo lo cual, me recordó aquella frase que dice que el mundo es un pañuelo y trajo a mi mente aquella canción de Disney que versa sobre la pequeñez del mundo y vaticina el fenómeno de la globalización.

En 1964 Disney fue responsable de cuatro proyectos que serían mostrados en la Feria de Nueva York de aquel año, la cual a su vez fue organizada por un grupo de empresarios, quienes inspirados en los recuerdos de su niñez de la Feria Mundial que se realizó en 1939 en la misma ciudad, querían ofrecer una experiencia similar a las nuevas generaciones.

La canción It´s A Small World After All, fue creada en aquellos días para Disney por los hermanos Sherman, quienes al haber sido nominados en innumerables ocasiones para diversos premios por su labor en el mundo de la música, fueron acreedores del Academy Award en 1965 gracias a la canción Chim Chim Che-rie de la película Mary Poppins.

Los antecedentes de la globalización han sido situados en diferentes momentos históricos de la humanidad. Hay quienes ubican su origen en 1492 tras el “descubrimiento” de América, o bien en la Revolución Industrial del Siglo XIX. Sin embargo todo pareciera indicar que fue la caída del Muro de Berlin en 1989 un acontecimiento clave en la aparición de este fenómeno, al abrir los caminos hacia una nueva era capitalista, que implicaba la creación de un mercado mundial y vínculos de dependencia económica entre las diferentes naciones, situando a unas en desventaja en relación a las otras y dando origen a los movimientos anti-globalización, los cuales definen la misma como un fenómeno económico y cultural producto del neocolonialismo y el capitalismo salvaje.

Lo cierto es, que buena o mala, la globalización ha estado presente desde tiempos ancestrales, pues el intercambio comercial y cultural ha formado parte de la historia de la humanidad desde mucho antes que Colón viajara a América. Lo interesante en la actualidad es la rapidez con que se efectúan las operaciones propias del intercambio del mundo globalizado; y es por ello, que cuando hablamos de globalización, hacemos también referencia al desarrollo alcanzado por los medios de comunicación y al desenfrenado cambalache de información suscitado por el progreso de los mismos, dando origen a lo que Marshall McLuhan nombró como la Aldea Global, prediciendo, como en efecto ocurre, un flujo de información contínuo en una era en la que los medios tecnológicos se convertirían en una extensión del ser humano, y en la que las computadoras se instaurarían como una extensión de nuestro sistema nervioso.

Casualmente, el tema de la Feria de Nueva York 1939/1940 fue el mundo del futuro, y la feria de 1964 se inspiraba en el tema de la paz lograda a través del entendimiento entre las diversas culturas. Fue bajo este contexto, que Disney diseñó su atracción del Pequeño Mundo, la cual celebra la multiculturalidad reinante en el planeta.

Pareciera que durante esos días de los años 60 en que McLuhan anunciaba el advenimiento de la Aldea Global, los hermanos Sherman profetizaban también la llegada de la misma en su canción infantil, la cual, indudablemente, hace alusión a ese mundo cada vez más “sin fronteras” que es, el tal vez malamente, mundo globalizado.

Haz CLICK aquí para escuchar It's A Small World After All

lunes, 10 de septiembre de 2007

Monte Camerún


Hoy me asomé por uno de los balcones traseros a contemplar el atardecer, pues la luz que se colaba a través de los ventanales de las puertas de hierro era hermosa, anaranjadita y tenue. Mi sorpresa fue mayor cuando salí a buscar el sol y me encontré con la silueta completa del Monte Camerún, un volcán activo que alcanza los 4.095 metros sobre el nivel del mar y que es la montaña más alta del África occidental.

En ese momento, después de un año, me di cuenta que en Douala también tengo una montaña gloriosa e imponente como en Caracas. Es la segunda vez que tengo oportunidad de verlo totalmente despejado, pues por lo general las condiciones climáticas no lo permiten. La primera, estaba en la calle y lo vi desde un carro, me pareció increíble, pero como andaba en otras cosas no le presté mayor atención. Hoy, al admirarlo con detenimiento y desde la paz del hogar, deseé haber tenido una mejor cámara y mejores cualidades de fotográfa.

Obvio que por razones personales El ÁVila seguirá siendo mi mayor referencia a la palabra montaña, pero haber admirado hoy la magestuosidad del Monte Camerún dentro del escenario en el que se mueve mi cotidianidad, me sacó una sonrisa.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Avenida Uslar Pietri

Siguiendo con la onda de AUP, en este post voy a realizar una crítica que tenía ganas de hacer desde hace tiempo a través de uno de esos documentos que descubrí en su archivo personal. La carta que transcribo a continuación, fue escrita por Uslar en el año 1982 a José Ramón Medina, quien fuera el director del Diario El Nacional por aquellos días.

Cito textualmente:

Caracas, 14 de septiembre de 1982
Señor Doctor
José Ramón Medina
Director de "El Nacional"
Apartado 209
Caracas.-

Querido amigo:

En la edición de hoy (14 de septiembre de 1982), en la Sección de Cartas de El Nacional, he visto una en la que un entusiasta y generoso lector propone mi nombre para el nuevo edificio de la Biblioteca Nacional.

Mucho agradezco la desmesurada proposición, que espero no tenga la menor posibilidad de ser acogida, por varias razones poderosas y serias. La primera, porque me parece muy riesgoso y anti-republicano el hábito que hemos adoptado de dar nombre de personas vivas, a veces demasiado vivas, a edificios, instituciones y promociones. Luego, y con no menor razón, porque me parece una abominable y anti-histórica costumbre cambiar los nombres de las cosas y lugares con todo su valor histórico para imponerles los de personajes grandes o pequeños. Haberle quitado el nombre indígena y muy sonoro de Maiquetía al aeropuerto de Caracas para llamarlo Simón Bolívar me parece un caso lamentable de mal gusto y un paso más en el camino muy adelantado de banalizar el nombre del Libertador, dándoselo a trocha y moche a distritos, lugares y servicios. También es un atentado contra el buen gusto y el valor histórico de la toponimia haber llamado al parque Maripérez: Arístides Rojas, a los Dos Caminos: Leoncio Martínez, etc. Es una vieja práctica que comenzó temprano con haberle puesto a Margarita Nueva Esparta y a la venerable Angostura Ciudad Bolívar.

El próximo edificio de la biblioteca tiene y no puede tener sino un nombre apropiado: Biblioteca Nacional de Venezuela.

De todos modos queda en pié mi sincero agradecimiento al proponente y mi negativa a aceptar que en ninguna forma se pudiera convertir en realidad.

Atentamente,

Arturo Uslar Pietri

En mayo de 2006, la Fundación Cultural Chacao, tuvo, al igual que otras instituciones, la iniciativa de rendir un homenaje a Uslar con motivo del centenario de su nacimiento. Desde ese organismo se llevaron a cabo varias actividades, tales como instalar a lo largo de la Av. Francisco de Miranda grandes pendones que recordaban a AUP, un bus con una exposición ambulante que se mostraba en diferentes zonas de Chacao, un concierto de Los Amigos Invisibles, quienes tomaron su nombre del programa Valores Humanos que transmitía AUP a través de la televisión nacional, y el cambio de nombre de una conocida avenida de Chacao por la de Avenida Uslar Pietri.

Al encontrar esa carta, decidí no tenerla guardada bajo la manga, de donde la saco ahora, y me encargue de que la misma llegara a manos de Diana López, quien es la Gerente General de la Fundación Cultural Chacao y hermana del actual alcalde de ese municipio Leopoldo López, para comunicarle que, aunque entendía la buena intención de este hecho, el propio Uslar no hubiese estado satisfecho con el mismo, pues según lo que declara en esta carta, para él, cambiar arbitrariamente los nombres de cosas y lugares públicos suponía un atropello contra la historia.

Aunque trabajando conjuntamente con lo que se denominó la Fundación Centenario, constituida por varios miembros entre los que figuraba el propio Federico Uslar (hijo de AUP), la Fundación Cultural Chacao, hizo caso omiso del contenido de esas líneas, y hoy en día, la famosa avenida dentro del “territorio seguro”, lleva su nombre.

La foto con que ilustro el post, la tomé hace poco más de un año, cercana a la fecha del centenario, la verdad el que no se tomara en cuenta la mencionada carta me molesto sobremanera, pues con ese hecho, pienso yo, que más allá de rendir tributo a Uslar, se burlaba el criterio del hombre a quien se buscaba homenajear. Supongo que el cartel con el antiguo nombre se dejó allí por cuestiones prácticas, de modo que quien buscara una dirección no se perdiera, pero la verdad es que lucía, al menos desde mi punto de vista, como un auténtico mamarracho, como suele suceder cuando se quiere hacer una gracia y el resultado es una grosería.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Los trabalenguas

Los trabalenguas y otros juegos de palabras siempre han llamado mi atención. Por alguna extraña razón hay algunos que se nos hacen más faciles que otros y hay quienes dominan algunos que para otras personas son imposibles y viceversa.

Suelen ser dificiles en nuestro propio idioma y tal como su nombre lo indica nos traban la lengua una y otra vez... Con algunos amigos y sus niños, jugamos a repetir trabalenguas en inglés y en español ...el resultado es desastrozo y pasamos un buen rato riéndonos.

Mis favoritos en español son:

Pepe Piña pica papa
papa pica Pepe Piña

Pablito clavó un clavito
Un clavito clavó Pablito

Compadre compréme un coco
No compadre no compro coco
porque poco coco como
y el que poco coco come
poco coco compra

... y si hay uno que me resulta imposible es el de los "tres tristes tigres" que tiene múltiples versiones, pero todas ellas complicadísimas para mi lengua...

Tres tristes tigres
tragaban trigo en un trigal
en tres tristes trastos

Uno que me encanta para extranjeros es el siguiente:

Erre con erre cigarro
Erre con erre barril
que rápido corren los carros
cargados de azúcar del ferrocarril

En inglés me gusta este:

She sells sea shells by the sea shore.
The shells she sells are surely seashells.
So if she sells shells on the seashore,
I'm sure she sells seashore shells.

...y este otro le encanta al escocés:

Peter Piper picked a peck of pickled peppers.
Did Peter Piper pick a peck of pickled peppers?
If Peter Piper picked a peck of pickled peppers,
where's the peck of pickled peppers Peter Piper picked?

Hay uno más sencillo, pero que igualmente traba:

Red lorry, yellow lorry, red lorry, yellow lorry.

Por supuesto carezco de agilidad para decirlos y como ven, dado la extensión de los mismos, pareciera que me encuentro en desventaja... así que cuando la cosa se pone color de hormiga, me saco uno bien "peludo" debajo de la manga y les hago repetir:

El Arzobispo de Constantinopla se quiere desarzobispoconstantinopolizar
quien lo desarzobispoconstantinopolice primero
buen desarzobispoconstantinopolizador será!

Aún no he aprendido ninguno en francés y la verdad creo que me falta mucho en este idioma para decir alguno... y a ti... ¿cuál trabalenguas traba tu lengua?

miércoles, 29 de agosto de 2007

El cucayo

En los últimos días me ha dado por almorzar solamente arroz, a veces arroz integral, otras, simple arroz blanco. Lo que hago, es que cocino media taza de arroz que me rinde para dos días, almorzando la mitad cuando está recién hecho, y calentando la otra al día siguiente.

Hoy me tocaba recalentar, así que saqué mi ollita de la nevera, le agregué un chorrito de agua, la puse en el fuego y me fui de la cocina a hacer otra cosa. De pronto, por supuesto, comencé a oler a quemado… !Ah caracha! ¡Se me está quemando mi arrocito! La verdad sólo se quemó el fondo, me serví lo que no estaba quemado, y cuando vi la olla dije: esto si que es un buen cucayo -mientras sonreía con un cierto brillo de ternura en mis ojos-.

Cucayo es una palabra estrictamente colombiana para denominar “el pegao del arroz”, y es que por ciertas vueltas que da la vida, yo y mis hermanos, hijos de padres divorciados, vivimos siempre en la casa paterna, y mientras él trabajaba, nosotros pasábamos el día en casa al cuidado de Lastenia: una negrita barranquillera que yo amo como si fuera una madre.

Laste, como cariñosamente le llamamos, es un personaje especial en la historia de mi familia, llegó a mi casa cuando yo tenía cuatro años, y mis padres aún vivían juntos. La situación cambió cuando tenía seis, y fue a partir de entonces que Laste asumió una cantidad de tareas que hicieron de ella otra madre para mí.

Ella vivió con nosotros unos veinte años, y desde mi casa generó los recursos para levantar nueve muchachos que tenía allá en Barranquilla.

Todas las vacaciones pasaba “la raya” para ir al otro lado. Tenía ella que ver a sus criaturas y supervisar también la casa que estaba construyendo para ellos. Cuando era pequeña, yo no entendía eso, y siempre llorando, la veía partir desde mi ventana. Ella miraba para arriba y se despedía con la mano. Recuerdo que me daba un miedo infinito el que no regresara, así que cuando volvía cargadita de dulces de guayaba, sentía igualmente una alegría inmensa.

Cuando tenía la mala suerte de, por una u otra razón, llegar de última del colegio, ella me esperaba para darme almuerzo… me describía lo que había y lo que ya no quedaba -porque se lo habían comido los que llegaron primero- y me decía con cariño: ¡ay mami! tus hermanos acabaron con todo, aquí lo que queda es un cucayito ¿tu lo quieres?

Y es por ello, que a la pega del arroz, la llamo y la llamaré siempre cucayo, como ese que mi negrita me guardaba con tanto amor, y que a mi no me gustaba, ni me gusta, pero me trae los ya lejanos recuerdos de mi infancia.

martes, 28 de agosto de 2007

Artesanía en cuero... ¿culpable o inocente?

Ayer fui al Marche Central, el mercado principal de la ciudad, donde recorrimos una parte que no conocíamos, en el exterior y en una acera cercana.

Allí hay una mezquita, y la mayoría de puestos afuera venden accesorios y trajes típicos de los que usan los hombres musulmanes en África; una túnica muy larga con pantalón en conjunto, generalmente en lino y con bordados.

En Camerún, 16 % de la población es musulmana y especialmente al norte del país es donde se concentra la mayor parte de los devotos a esta religión; es también en esa región del país, que se realizan artesanías con cuero, bien con piel de camello, de serpiente o cocodrilo.

Por un monto de 3.000 XFA, es decir 6 US$, adquirí dos objetos poco ecológicos en uno de los puestos que visitamos. Uno es un monedero en piel de camello, teñida con la técnica “batik” y el otro, un pequeño sobre, que me pareció elegantísimo, de piel de cocodrilo.

Me llamó mucho la atención encontrar que algunas de las carteras que vendían tenían incorporadas al diseño las inscripciones D&G, lo cual me hizo pensar en las aberraciones del mundo globalizado, que como todo en esta tierra, tiene ventajas y desventajas. Me hizo recordar también,unas alpargatas que vi una vez en una exposición sobre artesanía venezolana, en la Casa Alejo Zuloaga, en el Estado Carabobo, las cuales habían incorporado en su tejido las marcas Nike y Diesel, atestiguando con su presencia, como el mundo industrializado, de forma desmesurada y serial, contamina hasta los sectores artesanales.

Debo confesar, que por aquello de la protección y de los derechos de los animales, me sentí en medio de una encrucijada a la hora de comprar, pero confieso que el placer de admirar lo bello de los objetos y comprar algo, pudo más que mi consciencia ecológica.

Finalmente pensé que los animales ya estaban muertos, que los camellos han de criarlos y que no están en período de extinción. Realmente no sé cuál es la situación de los cocodrilos, pero es también un hecho que aquí forman parte de la dieta tradicional.

Sé que muchas especies de monos están en peligro de extinción y hay una reserva en Limbe, que tiene como principal objetivo sensibilizar a la gente para que no los consuma, razón por la cual me negaría a comer algún platillo elaborado con mono.

De cualquier forma, y volviendo a los objetos que obtuve, se trata de dos piezas artesanales que expresan parte de la cultura del país en el que vivo desde hace un año, no creo que exista una matanza indiscriminada que busque suplir un gran mercado.

En fin, reconozco que me remuerde un poco la consciencia, pero también me gustan mucho mis adquisiciones, a las que me aproximo con ojos distintos a los que utilizo al mirar un criadero de pollos, donde los mismos son alimentados con hormonas y en donde estas aves se encuentran apretujadas en jaulas, faltas de espacio para movilizarse y casi sin poder respirar.

¿Culpable o inocente?

lunes, 27 de agosto de 2007

Mi primer pantalón largo

Si hay un personaje que considero importante, no sólo para Venezuela, sino para el contexto Latinoamericano en sí, es Arturo Uslar Pietri; un hombre que a lo largo de su existencia se dedicó a buscar una definición para América Latina, constituyendo su pensamiento un valor inmensurable para el continente.

Don Arturo, personaje a quien yo confianzudamente conozco como AUP, es un gran amigo personal, lamentablemente nunca lo conocí en vida, pero tuve la dicha de entablar con él una gran amistad después de su muerte, cuando al desarrollar con Fundación Empresas Polar, un proyecto con el fin de conmemorar el centenario de su nacimiento en Mayo de 2006, me dediqué a trabajar con su archivo personal durante diez meses.

Cuando digo archivo personal, me refiero a todo aquello que AUP tenía en su biblioteca, aparte de los diez y ocho mil tomos que no fueron escritos por él, y que fueron donados a la Biblioteca Pedro Grasses de la Universidad Metropolitana en Caracas. De modo que, por diez meses, fotografías, cartas, borradores, cassettes, notas manuscritas, primeras ediciones de sus obras, cintas de betamax, diplomas, condecoraciones, agendas personales, artículos de prensa y pare usted de contar, convivieron conmigo; para a partir de ésto, recrear la vida y obra del personaje y presentar la misma a los habitantes de Caracas a través de una exposición, un catálogo, un ciclo de conferencias y actividades extracurriculares para niños en edad escolar y estudiantes universitarios.

AUP me atrapó de tal manera que se convirtió para mí en una especie de obsesión, aún al salir de la oficina, llegaba a mi casa a leer más de él o sobre él. Llegue a saber que le gustaba y que no, que comía, a qué hora se acostaba y se despertaba. Detalles como que le gustaba el chocolate negro y de éste se comía cien gramos al día, a lo que él le asignaba el secreto de su longevidad. En su mesa siempre se servían comidas criollas y nunca faltaba el casabe. La crema de apio la comía con aguacate y en su casa, al llegar un invitado, siempre se le ofrecía un juguito de piña. Le gustaban las hallacas cuadradas y no rectangulares, y las encargaba siempre a la Señora Salaverría, quien fuera cocinera de Scanone por muchos años.

De todo aquello que fue de él, pero que fue también mío por un tiempo, y a través de lo cual nos comunicabamos diariamente, me encariñé con varios objetos. Todo aquello era y es un gran tesoro, pero tener la oportunidad de pasar horas con este material y hurgar en los recovecos de su memoria a través de sus pertenecías, fue para mí una de las experiencias más honrosas de mi vida.

De esos objetos fetiche, mandé a fotografiar muchos para la edición del catálogo, y de esas fotos, provenientes todas del Archivo AUP ,donado por el propio Uslar a la FEP en 1996, conservo copia, y como una vez le prometí a AUP que más allá de ese proyecto, yo haría lo posible por promoverlo, he decidido abrir dentro de este blog, un pequeño espacio para él. Y lo haré mostrando parte de esos objetos preferidos por mí y que rompen con esa imagen de señor mayor aburrido que muchas veces las personas tienen de AUP.

Voy a comenzar por una fotografía de 1921 que se titula Mi primer pantalón largo. En esos días AUP tenía catorce años, y la foto, es de mis documentos favoritos porque en aquella época se retrataba a los jovencitos con pantalón largo para representar el paso de la niñez a la adolescencia, sin duda un paso importante en la vida de todo ser humano.


Curiosamente, antes de esta fotografía, en 1920, AUP había publicado dos artículos en un periódico de Maracay, el Diario [El Comercio]. El primero, titulado El plátano o banano, hablaba pues sobre esta planta y sus diferentes especies a lo largo del continente Americano. En el segundo, Sapere, AUP escribió lo siguiente: La vida es un tránsito para llegar a la muerte; la ignorancia es ese mismo camino pero andando a ciegas, porque aunque el ignorante ve no comprende. La sabiduría nos hace comprender todo lo que vemos; el olvido es la muerte en vida y la ignorancia es el principio del olvido.

Para mí, fue un hecho maravilloso el que un niño, incluso antes de aquel simbólico retrato, hubiese declarado esas palabras, en las que manifestaba públicamente su voluntad de saber y darle explicación a aquello que desconocía.